Por un plato de lentejas

 

Se veía venir. Este ciclo fotográfico, basado en fragmentos de platos de lentejas, que es el último trabajo de Concha Prada y que forma parte de su serie De arreglo de cocido y otros guisos - prosiguiendo en su preferencia por la temática de la comida, en tanto que objeto primordial de nuestra necesidad - se desarrolla en unos niveles tan extremados de interés por lo pequeño, por lo que no se ve, por lo que pasa desapercibido, que termina instaurando la imagen fotográfica no solo ya en los dominios de la ramificación de lo infinitamente visto, sino en el campo de la "pura" abstracción. A ello contribuye, esta vez, la resolución de la obra en un solo color muy básico -el azul-, que controla y tamiza con sutileza efectos de luz y que contrasta y subraya con fuerza las sombras, hasta dotarlas de un cierto valor de entramado dibujistico. Sin duda que este ciclo, siendo su trabajo más abstracto, lleva lo fotográfico a la "invasión" del campo de la pintura, como es cada vez más frecuente entre los artistas de su generación, la de los emergentes, activos artísticamente desde finales de los ochenta, y en cuya jerarquización Concha Prada ocupa, desde la escena de Valencia, un lugar consolidado.

Otra de las constantes de su proceso sigue siendo el interés por reconstruir arquetipos, que ella establece aislando en su obra los registros de lo imaginario, de lo simbólico y de lo real, a la manera psicoanalista de Lacan, cuyo influjo es confeso. Así, las imágenes cambiantes de estas lentejas, hirvientes "todavía" en sus platos, van configurando una maraña orgánica que parece buscar significarse como testigo del caos cósmico originario, o incluso como emblema imprevisto de agujeros negros. Un cumulo de vibrantes partículas vegetales -un punto florales- se expanden por doquier a través de un medio liquido, por un espacio de acusada transparencia. Alcanza así Prada uno de sus deseos más insistentes: experimentar con lo fugaz con vistas a la ampliación de la imaginación visual, centrando esa experimentación en el concepto de "ficción", articulada a la manera de Leibniz (otro de sus referentes preferidos) como "esa" realidad que, siendo inequívoca y rotunda, resulta, sin embargo, imperceptible a los sentidos. Con ello cumple también una urgencia contemplativa: "Necesito generar imágenes que me provoquen sorpresa, extrañeza, algún tipo de placer visual, en contraposición a la avalancha de imágenes sin orden y concierto, pero previsibles hasta el hartazgo, con las que nos relacionamos diariamente".

Estas imágenes, que -como ha estudiado Patricia Molins-, en lugar de representar la realidad a la que se enfrentan, hacen presente "un mundo cada vez más neutro, reductivo y silencioso, y al mismo tiempo más rico, expresivo y femenino", son, no obstante, radicalmente fotográficas: nacidas del instante. Son, en efecto, instantáneas; hechas perennes a partir de una realidad parcial y fugaz. Imágenes detenidas de una realidad a la que limitan para poder aprehenderla desde una nueva jerarquía de la visión.

Revista
El Cultural - El Mundo. 20-26 de Marzo 2002
Jose Marín Medina

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